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El Búnker del Vaticano


El refugio nuclear fue proyectado por Pablo VI e inaugurado por Juan Pablo II

Tiene dos pisos y una capacidad de 31.000 metros cúbicos

Son 85 kilómetros lineales de estanterías con documentos

"El búnker no se parece para nada al que describe Dan Brown, ¿verdad?"

Reúne los archivos privados de los sucesivos Papas





En medio del Vaticano, a varios metros bajo el suelo, existe un búnker. Un búnker blindado e inaccesible, construido con gruesos muros de hormigón armado, un prodigio de la más alta ingeniería, capaz de resistir una explosión nuclear. Tiene dos pisos y una capacidad de 31.000 metros cúbicos. Fue proyectado en tiempos de la Guerra Fría, durante el Pontificado de Pablo VI, e inaugurado en 1980 por Juan Pablo II. El objetivo de este refugio es mantener a salvo, incluso ante un eventual ataque atómico, uno de los bienes más preciados del Vaticano: los millones de papeles que componen el Archivo Secreto Vaticano.

Después de atravesar pasillos laberínticos, de subir numerosas escaleras, de bajar infinitos peldaños y de enfilar corredores estrechos y oscuros, por fin llegamos. "Aquí está", anuncia con satisfacción Alfredo Tuzi, uno de los 55 empleados del Archivo Secreto Vaticano. Ante él se abre una inmensa sala repleta por doquier de archivos, carpetas, dossieres y legajos de documentos. "En total, 85 kilómetros lineales de estanterías con documentos", asegura sacando pecho.

El búnker se encuentra bajo el Cortile della Pigna, el gigantesco patio situado en pleno corazón del Vaticano y así llamado por acoger una escultura en bronce de una piña de cuatro metros de altura. "El búnker no se parece para nada al que describe Dan Brown, ¿verdad?", suelta Tuzi con retintín, en alusión directa al escritor estadounidense autor de 'Ángeles y Demonios', novela en la que describía erróneamente el búnker del Vaticano como una estancia acristalada y aclimatada. "Es que Dan Brown jamás ha puesto el pie aquí", aclara Tuzi.





Cubículo de hormigón armado

En realidad, el búnker del Archivo Secreto Vaticano es un gigantesco cubículo con los muros, el suelo y el techo todo de hormigón armado, sin ventanas, iluminado por fluorescentes blancos y repleto de estanterías. Son tantas las estanterías que alberga que se necesitarían varios días para recorrer todos los angostos pasillos que forman y leer solamente el encabezamiento de cada carpeta o archivo de documentos. 'Madrid, caja 47', se lee en un grupo de legajos. 'Comunismo: Hungría, Polonia, Checoslovaquía', se lee en otro.

Nadie sabe a ciencia cierta cuántos documentos componen el Archivo Secreto Vaticano, sólo se sabe que son millones y millones y millones. Al fin y al cabo, fue fundado por Pablo V hace exactamente 400 años y desde entonces conservan todas las actas, manuscritos, registros, bulas, códigos y documentos privados de cada Pontífice. De hecho, se llama 'secreto' porque toma el nombre del vocablo latino 'secretum', que significa privado. El Archivo Secreto vaticano reúne los archivos privados de los sucesivos Papas.

Pero el que se llame secreto no significa que sea inaccesible. Cuando fue fundado en 1612 sí que lo era: sólo algunos cardenales de curia tenían el privilegio de poder echar un vistazo a sus fondos. Pero desde 1881, por decisión del Papa León XIII, los contenidos del Archivo Secreto Vaticano pueden ser consultados por estudiosos de cualquier nacionalidad y credo. Aunque, tras la muerte de un Papa hay que esperar varios años antes de que sean desclasificados los documentos relativos a su pontificado.

Ahora mismo, por ejemplo, el último archivo que se abrió al público fue el de Pío XI, fallecido en 1939. Los de los Pontífices posteriores (Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II) permanecen cerrados al público, a la espera de que sean desclasificados cuando el Papa decida que ha llegado el momento de hacerlo. Hasta entonces, los documentos de esos papados permanecen encerrados bajo llave en una sección especial del búnker.

400 aniversario

En el Archivo Secreto Vaticano también hay dos salas especiales en las que se custodian los valiosos pergaminos medievales y que, estás si, permanecen en unas condiciones de temperatura y humedad constante para evitar que puedan dañarse. Entre los pergaminos que hay se guardan, siempre bajo llave, 81 con sellos de oro.

Entrar en el búnker del Archivo Secreto Vaticano es un privilegio reservado a sólo unos cuantos afortunados. Sin embargo, y por primera vez en la historia, un centenar de los más importantes documentos que se custodian en el búnker han salido fuera de la Santa Sede y hasta el 9 de septiembre se pueden contemplar en Lux In Arcana, la exposición en los Museos Capitolinos de Roma que celebra el 400º aniversario de la fundación del Archivo Secreto vaticano.

Ahí están, por ejemplo, las actas del proceso de la Inquisición contra Galileo, la proclama de excomunión de Martín Lutero, las actas del proceso a Giordano Bruno (que tras ser condenado por herejía por el Santo Oficio murió en una hoguera el 17 de febrero de 1600 en el Campo de Fiori di Roma), la última carta de María Estuardo al Pontífice Sixto VI, una misiva de Voltaire a Benedicto XIV, un informe de Miguel Ángel sobre el estado de sus trabajos en la Basílica de San Pedro... Y así hasta un centenar.

Aquí nombramos algunos archivos secretos a detalle develados:


Bula Inter Caetera 


También llamada bula de partición, porque el Papa Alejandro VI determinó el futuro del Nuevo Mundo en ese documento, firmado el 4 de mayo de 1493. El Papa concedió a los Reyes Católicos la posesión de todas las tierras «halladas y por hallar» al oeste de una línea imaginaria situada entre el Polo Norte y el Polo Sur. El Papa pidió a los monarcas de ambos países que enviaran misioneros para convertir a los indígenas al cristianismo.

Abjuración de los templarios


En 1307, el Rey Felipe IV de Francia hizo arrestar a todos los templarios del reino, con acusaciones de herejía, idolatría, sodomía… Los caballeros legendarios admitieron, bajo tortura, culpas tremendas. Ante ello, el Papa Clemente V ordenó su detención. Los testimonios de templarios que sobrevivieron a las torturas fueron recogidos en un precioso documento en latín, de 1308, llamado el Pergamino de Chinon. 


Proceso a Galileo


Un grueso volumen recoge el proceso, que duró de 1616 a 1633, contra Galileo, que terminó por renegar del descubrimiento copernicano de que la tierra gira alrededor del sol. Las palabras del documento se conocían: «Yo Galileo Galilei he renegado…» Sobrecoge ver esas letras, que parecen alargarse en las hojas amarillentas. La firma con la mano temblorosa de Galileo hace revivir el sufrimiento del astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano, al final de los interrogatorios de la Inquisición. 

El divorcio rechazado de Enrique VIII


Entre los tesoros más singulares de esta exposición se muestra un gran pergamino, acompañado de 81 sellos, firmado en 1530 por 83 lores y dignatarios ingleses con la petición al Papa Clemente VII para que anulase el matrimonio de Enrique VIII y Catalina de Aragón. El Pontífice rechazó ese divorcio de la primera de las seis mujeres del Rey; como consecuencia, Enrique VIII decidió entonces separarse de la Iglesia de Roma. 


Sumario del proceso a Giordano Bruno


El documento de la exposición es excepcionalmente relevante porque las actas del proceso al dominico filósofo se perdieron junto a otros procesos del Santo Oficio. Fueron enviados a la basura en París, adonde Napoléon había trasladado el Archivo Vaticano. Gior- dano Bruno (Nola, 1548) fue quemado por hereje y apóstata el 17 de febrero de 1600 en Campo dei Fiori, donde se le recuerda con una estatua, despertando interés entre estudiosos y hombres de Iglesia. 


Excomunión de Lutero


Es otro de los documentos más emotivos de la exposición. El 15 de junio de 1520 León X publicó la bula de excomunión de Lutero, titulada «Exsurge Domine». Cuando Lutero la recibió se dirigió al basurero de la ciudad y, junto con el Derecho Canónico, la arrojó a las llamas. La ruptura estaba consumada. Un fraile había osado levantarse él solo ante todo un sistema religioso de más de mil años de antigüedad, con el solo apoyo de la Palabra de Dios. 


La supremacía de los Papas


Son 27 las propuestas dictadas por el Papa, de su viva voz, incluidas en el registro oficial para afirmar la supremacía pontificia sobre cualquier otro poder, comprendido el del emperador. El «Dictatus Papae de Gregorio VII» precisa que el Papa puede reformar cualquier sentencia dictada por otros, que a él solo los Príncipes le deben besar los pies y que ninguno lo puede juzgar. La afirmación más fuerte es la XII: «Le sea lícito deponer a los emperadores». 


La Inmaculada Concepción


El documento papal es una carta solemne («Bolla Inefffabilis Deus») proclamando el dogma de la Inmaculada Concepción en 1854. El 1 de junio 1848 Pío IX instituyó una comisión especial de 20 teólogos encargados de dar su parecer sobre la oportunidad de definir el dogma de la Inmaculada Concepción. El 2 de febrero de 1849 Pío IX publicaba tal documento («Ubi primum») pidiendo el parecer de los obispos. Llegaron 603 respuestas: 546 a favor del dogma. 


María Antonieta, desde la cárcel


En esta nota sin fecha (debió escribirla a finales de 1792 o primeros de 1793), con poco más de diez líneas, fue escrita en la cárcel. En ella, la reina destronada expresa su amargura: «Los sentimientos de quienes participan en mi dolor, querido cuñado, son el único consuelo que yo puedo recibir en esta triste circunstancia». A su llegada a Versalles, cuando tenía 15 años, la princesa austriaca no podía imaginar su trágico final. 


Carta de Elena de Cina a Inocencio X


Convertida al cristianismo, gracias a la predicación de algunos misioneros jesuitas, la emperatriz Wang, que había cambiado su nombre por el de Elena, informa al Papa de haber abrazado, con su hijo Yongli, rebautizado Costantino, la nueva religión. La carta está escrita en seda, adornada con bordados, decorada con el dragón, símbolo del Imperio, conservada en el interior de un preciado tubo de bambú.

Se hablado de muchos secretos resguardados en este lugar desde documentos apócrifos que cambiaran la historia y la fe cristiana. Pero es evidente que solo expondrán los que el Vaticano crea conveniente y así mantener el misterio...

Fuente: elmundo y Recopilación OMOD




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