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La Atlántida








Desde Cabo Verde hasta Venezuela se extendía el continente de la Atlántida. Según Platón, el clima de la Atlántida era meridional, por lo que permitía obtener dos cosechas anuales. Al norte habían numerosas montañas, mientras que la planicie donde estaba la capital de los atlantes descendía hasta el mar.


Durante muchos siglos, según el filósofo, los atlantes fueron la civilización dominante en una buena franja del mundo, aproximadamente entre los años 12.000 al 9.000 a. J.C. Al principio trataron de crear una nación en que la fraternidad y la espiritualidad fueran los valores máximos, pero con el tiempo, dice Platón, "se obsesionaron con el logro de ilícitas ganancias materiales y con el poder".


Al estudiar la cadena que forman las islas Azores, Madeira, Canarias y Cabo Verde se comprueba que éstas reposan sobre una base sedimentaria, lo cual confirma que podrían ser los vestigios de un continente sumergido. La comparación de su flora y de su fauna con la de América es demasiado grande para ser casual. Los moluscos hallados en las islas son similares a los fósiles encontrados en Europa y, de ellos, más de quince familias se han hallado tanto en las costas del Senegal como en las Antillas. Difícilmente se podría mantener que los embriones hubieran podido cruzar con vida el Atlántico. Referencias de las que normalmente se mencionan como "míticas" las tenemos en el libro Sagrado de América Central, el Popol Vuh, que habla de una inmigración de gente llegada desde muy lejanos lugares de Oriente. Quizás esta llegada se haya producido "saltando" de isla en isla, mientras que una segunda inmigración tuvo que hacer rodeos para atravesar una parte del mar ya desbordado.


Según parece la Atlántida desapareció hace unos once mil años. Los atlantes eran los depositarios de las Tradiciones de los Patriarcas y, según la leyenda, habían llegado a un nivel muy alto de conocimiento, especialmente en la magia sonora.


Incluso se habla de que se marcaron como meta condensar grandes cantidades de energía solar y que, dejándose llevar por su orgullo técnico, se dejaron arrastrar hacia las enormes catástrofes que hicieron desaparecer su continente.


Entre los que escaparon, algunos alcanzaron sus colonias en Africa. La raza roja, cobriza o atlante había llegado a un alto grado de civilización y tenía colonias hasta Etiopía. Incluso la civilización egipcia provendría de ellos.


La civilización egipcia tiene enormes similitudes con la americana, sea de Perú, América Central o México. Igualmente, los iberos, etruscos, guanches, berberiscos, árabes y vascos también poseen parecidos notables entre sí y a su vez en relación con muchos pueblos de América, lo que denota origen y raza comunes.


CITAS SOBRE LA ATLANTIDA

Antes de entrar en lo que son las referencias directas a la Atlántida, es preciso hacer un recordatorio de algunas de las interminables leyendas, registros y menciones que en los libros antiguos de tantas y tantas culturas del pasado se hallan, presumiblemente en conexión con el tema de la Atlántida.


En la América antigua son muchos los pueblos que en su historia ancestral, transmitida en forma de mitología o de labio a oído, ubican el propio origen de su civilización al este del propio continente americano, "allí donde sale el Sol y donde ahora sólo hay agua".


Los jeroglíficos de la pirámide mexicana de Xochicalco, interpretados por el francés La Plongeon, igualmente aluden a "una tierra colocada en medio del océano y destruida, cuyos habitantes fueron muertos y reducidos a polvo".


Un fragmento maya traducido en 1.930 por el filólogo brasileño O. M. Bolio dice: "en el decimoprimer día, Ahau Katun, llegó la desgracia. Cayó una lluvia violentísima y llegaron del cielo cenizas y en una sola oleada las aguas del mar se extendieron sobre la Tierra...y el cielo se precipitó...y la tierra se hundió... y la Gran Madre Seyda quedó entre los recuerdos de la destrucción del mundo." Las referencias a este acontecimiento también abundan en los libros orientales. Por ejemplo, los Vedas hindúes hablan de "la gran agua".


En el Mahabharata o gran epopeya de los hindúes el semidios Manu, padre de la nueva humanidad tras el desastre, también huye en una nave construida por él mismo. Este gran libro menciona "siete grandes islas del mar de occidente destruidas por el cataclismo". Los Puranas, también hindúes, hablan de "el final de una gran tierra, muy poderosa", situada en el Atlántico. Así, "el imperio del mar de occidente fue engullido por las aguas".


En occidente con gran claridad nos podríamos referir al episodio de Noé y el arca, en el Antiguo Testamento.


El mayor de la aviación turca S. Kurtis en 1.960 estaba fotografiando una zona del monte Ararat, en la Armenia turca, cerca de la frontera con la URSS y con Irán. El descubrió a más de 2.000 m. de altura algo ovalado y parecido a una barca, la cual estaba incrustada en la lava de las erupciones de un volcán cercano.


Examinando las fotografías del mayor se vio que las medidas eran más o menos las mismas citadas en la Biblia: 150 m. de largo y 50 m. de ancho. La profundidad era de unos seis metros.


Se enviaron copias de las fotos al mejor especialista en análisis de fotografías, que trabaja para el gobierno de los EEUU, Arthur Brandeburger, quien no pudo otra cosa sino rendirse ante la evidencia y declarar que efectivamente era una nave situada a 2.000 metros de altitud.


La primera cita directa del continente Atlántida se localiza curiosamente en una de las obras álgidas de la filosofía occidental: los Diálogos de Platón. Pero sería interesante ubicarnos en aquella época para luego extraer las conclusiones que consideremos oportunas, pues buena parte de la confusión que existe hoy en día en torno a la realidad o no de la Atlántida tiene su origen en lo que ahora comentamos.


Platón era de alguna manera el filósofo más reconocido en Grecia y en toda su órbita. El tenía unos 62 años cuando llegó a Atenas un filósofo joven y de provincia, Aristóteles, que por entonces tenía 18 años. Este ingresa en la Academia de Platón y permanece en ella durante varios años.


Hay quien dice que pronto se establece entre los dos una pugna bastante dura, pues Aristóteles quiere acabar con el renombre de Platón para él quedar como el filósofo más influyente de la Grecia clásica.


De ese modo, Aristóteles comienza a contradecir los argumentos de Platón intentado tumbar su prestigio pero, a pesar de sus esfuerzos, no lo consigue. Un día Platón saca a la luz en una tertulia pública algo que le había comentado en su juventud otro filósofo, Critias el joven, cuando este último tenía noventa años, en relación con el tema de la Atlántida. Esta transmisión de la historia por parte de Critias el joven a Platón fue durante una reunión de tipo familiar o quizás discipular. A su vez, a Critias el joven se lo había contado Critias el viejo, cuando el primero tenía 10 años y el segundo era muy anciano. Y, a su vez, Critias el viejo lo escuchó en una reunión selecta de uno de los Siete Sabios de la antigüedad griega, llamado Solón.


Solón había recogido este relato en un viaje que realizó a Egipto, concretamente a Sais, la capital del bajo Egipto y centro cultural del mundo civilizado de entonces. Allí era donde se encontraban los famosos archivos del antiguo Egipto, que se remontaban a muchos miles de años atrás y que actualmente han desaparecido también. Estos archivos por supuesto relataban entre otras cosas los orígenes de la civilización egipcia, así como la historia de la Atlántida. Cuando Solón llegó al templo de Sais comenzó a hablar de las maravillas de su pueblo griego, exaltando las hazañas de la guerra de Troya contadas por Homero.
En un momento dado uno de los sacerdotes del Templo egipcio lo interrumpe y le dice que ellos (los griegos) eran como niños, pues en realidad no conocían los ancestros ni la historia de su propio pueblo, y ni siquiera las hazañas que habían realizado en el pasado. También le dijo que 9.000 años antes que ellos hubo un gran imperio que se encontraba ubicado más allá de las Columnas de Hércules, que intentó dominar los países de Europa y el norte de Africa, y que de hecho avanzó por dos frentes. Uno a través de la Península Ibérica e Italia, para poder asediar Grecia. El otro frente de ataque fue por el norte de Africa para llegar a Egipto. El pueblo de Atenas de aquel entonces fue capaz de repeler el ataque, vencer a los atlantes y hacerlos retroceder, pues los atenienses eran preeminentes en Grecia en cuanto a valor y destreza militar, a la vez que líderes de todos los helenos. En realidad, los atenienses se quedaron prácticamente solos en la batalla, pues los demás pueblos griegos se separaron de ellos en el momento crítico. Así Atenas, según Platón, salvó de la esclavitud a aquellos que no estaban sometidos a ella y liberó generosamente a todo el resto que habitaba mas acá de las columnas de Hércules.


Precisamente cuando esta retirada se estaba llevando a cabo, un gran terremoto asoló toda la tierra, destruyendo tanto a esa Grecia antigua como a la propia isla-continente de la Atlántida, lo cual sucedió en un día y una noche. Así, el océano donde se hundió la isla tomó el nombre de dicho continente: continente Atlántida y océano Atlántico.


En definitiva, del continente perdido se habla en dos de los últimos diálogos de Platón, los cuales fueron escritos alrededor del año 350 a. J.C.


El primero de ellos es el Timeo, conversación que tuvo lugar teóricamente en Atenas el 421 a. J.C. entre el filósofo Sócrates y tres de sus discípulos. Hasta lo comentado llegan las descripciones de Platón sobre la Atlántida en el Timeo, pero Critias vuelve a hablar del tema en otro diálogo que posee su nombre y que Platón no finalizó del todo. En este diálogo abundan detalles mucho más ilustrativos acerca del continente-isla. Veamos algunos ejemplos.


El origen del pueblo atlante se fija en una época en la que los dioses deciden bajar del cielo a la tierra y uno de ellos, Poseidón, descendiendo al centro de la isla-continente encuentra a una bella doncella llamada Cleito, hija de un patriarca llamado Euenor o Evenor, según las versiones. El dios se desposa con esta mujer y se van a vivir al centro de la isla, donde construyen un palacio y un templo, rodeado de canales circulares concéntricos, llenos de agua.


El continente tomó el nombre del gigante Atlas, uno de los hijos de Poseidón.

Atlántida era una isla de costas refiladas y cortantes, pero existía una llanura central muy rica en todo tipo de vegetales, así como minerales, caza, maderas, etc. Existía un perfeccionado sistema de regadíos que aprovechaba el agua de nieve derretida de las montañas del norte de la isla, canalizándola hacia los terrenos agrícolas.


La antigua gran ciudad era algo increíble en cuanto a técnica, arte, riquezas, arquitectura...En su zona central estaba el palacio real y un templo dedicado al todopoderoso señor de los mares: Poseidón (luego Neptuno para los romanos). Poseidón era a su vez el dios principal para los atlantes.


El templo estaba ostentosamente decorado con oro, plata, marfil y un extraño metal parecido al bronce llamado oricalco, que Critias describió como que "relucía como el fuego".


La isla central estaba totalmente rodeada por un canal circular concéntrico respecto a ella de 180 metros de anchura; luego había otro círculo de tierra de 360 metros de grueso; a continuación existía otro canal de 360 metros y luego otro anillo de tierra de 550 metros, para terminar con otro canal de agua con también 550 metros de ancho, en el que podían perfectamente caber grandes barcos. Estos círculos concéntricos se encontraban unidos entre sí por un canal de agua que desde el centro alcanzaba el mar abierto.


Esta civilización atlante llegó a ampliarse a las islas adyacentes, aparte de a los continentes europeo y africano. Platón, por tanto, sugiere que incluso las civilizaciones más antiguas reconocidas como tales por la ciencia oficial (Sumeria, etc.) en realidad provenían de la atlante.


Platón afirma en su diálogo: "y de esa isla se podía pasar a las islas que hay detrás y de ellas al continente que cierra el gran mar Atlántico".


Por tanto, la referencia es clara con respecto al continente americano, el cual en Europa no se conocía en esa época.





Una vez que el tema de la Atlántida llega al gran público ateniense, inmediatamente el joven Aristóteles ve la oportunidad de desacreditar totalmente a Platón y lo ataca en ese aspecto. Aristóteles se ha dado cuenta de que el relato de la Atlántida no podía ser demostrado y acusa a Platón de mentiroso y de farsante. Casi lo tacha de irreverente y falto de respeto con las tradiciones griegas, pues el diálogo de Platón ocurre durante la festividad de una diosa griega.


Aristóteles pone todas sus energías en el desprestigio de Platón y lo consigue, ayudado por las limitaciones de la edad del segundo, que cuando eso tenía 79 años. Un año más tarde, teniendo 80, Platón muere.


Aristóteles queda como una autoridad indiscutible en prácticamente todo lo que decía, tanto desde el punto de vista filosófico como científico y eso continúa así nada menos que hasta la Edad Media. Algunos autores como Paracelso, o ciertos sabios hebreos y árabes comienzan en esa época a refutar a Aristóteles pero, indudablemente, todavía hoy se puede decir que muchos de los modelos de pensamiento actuales poseen claras bases en los principios aristotélicos.


Es claro pensar que si esta victoria práctica de Aristóteles sobre Platón no hubiera sucedido, el mito de la Atlántida no hubiera sido considerado como tal durante los siguientes siglos sino, quizás, como registro de acontecimientos históricos; o, por lo menos, los oficialistas académicos occidentales le hubieran puesto más cariño a la hora de buscar pruebas sobre la realidad de su existencia pasada.
Así, durante casi dos mil años predomina la versión aristotélica y no es hasta el Renacimiento que comienzan de nuevo a ser leídos de nuevo con imparcialidad los diálogos de Platón llamados Timeo y Critias.


Pero finalicemos ya resaltando algunas cuestiones del segundo y último diálogo de Platón.


Critias habla de la organización administrativa, de una flota de 1.200 naves, de algunas de sus ceremonias y de las maravillas de su arquitectura.


Leamos, por ejemplo, lo que decía en cuanto a la isla central en la que se hallaba el palacio de los reyes, para comprobar el detalle y la vitalidad que posee el relato: "La isla en la que se hallaba el palacio de los reyes tenía un diámetro de cinco estadios (cada estadio son unos 200 m.). Ahora bien, la isla, los recintos y el puente los rodearon totalmente con un muro circular de piedra. Pusieron torres y puertas sobre los puentes, en todos los lugares por donde pasaba el mar. Sacaron la piedra necesaria de debajo de la periferia de la isla central y de debajo de los recintos, tanto al exterior como al interior. Había piedra blanca, negra y roja. Y, al mismo tiempo que extraían la piedra, vaciaron dentro de la isla dos dársenas para navíos, con la misma roca como techumbre.


Entre las construcciones unas eran enteramente simples; en otras, entremezclaron las diversas clases de piedra y variaron los colores para agradar a la vista, y les dieron así una apariencia naturalmente agradable. El muro que rodeaba el recinto más exterior, lo revistieron de cobre en todo su perímetro circular, como si hubiera sido untado con alguna pintura. Recubrieron de estaño fundido el recinto interior, y el que rodeaba a la misma. Acrópolis la cubrieron de oricalco, que tenía reflejos de fuego".


"El palacio real, situado dentro de la Acrópolis, tenía la siguiente disposición. En medio de la Acrópolis se levantaba el templo consagrado en este mismo sitio a Clito y Poseidón. Estaba prohibido el acceso a él y hallábase rodeado de una cerca de oro. Allí era donde Poseidón y Clito, al comienzo, habían concebido y dado a luz la raza de los diez jefes de las dinastías reales. Allí se acudía, cada año, desde las diez provincias del país, a ofrecer a cada uno de los dioses los sacrificios propios de la estación.


El santuario mismo de Poseidón tenía un estadio de longitud, tres plethros de ancho y una altura proporcionada. Su apariencia tenía algo de bárbaro. Ellos habían revestido de plata todo el exterior del santuario, excepto las aristas de la viga maestra: estas aristas eran de oro. En el interior estaba todo cubierto de marfil, y adornado en todas partes de oro, plata y oricalco. Todo lo demás, los muros, las columnas y el pavimento, lo adornaron con oricalco. Colocaron allí estatuas de oro: el Dios de pie sobre su carro enganchado a seis caballos alados, y era tan grande que la punta de su cabeza tocaba el techo. En círculo, en torno a él, cien nereidas sobre delfines -ese era el número de las nereidas, según se creía entonces-. También había en el interior gran número de estatuas ofrecidas por particulares. En torno al santuario, por la parte exterior, se levantaban, en oro, las efigies de todas las mujeres de los diez reyes y de todos los descendientes que habían engendrado, y así mismo otras numerosas estatuas votivas de reyes y particulares, originarias de la misma ciudad, o de los países de fuera sobre los que ésta extendía su soberanía. Por sus dimensiones y por su trabajo, el altar estaba a la altura de este esplendor, y el palacio real no desdecía de la grandeza del imperio y de la riqueza del ornato del santuario".


"Por lo que respecta a las fuentes, la de agua fría y la de agua caliente, las dos de una abundancia generosa y maravillosamente adecuadas al uso por lo agradable y por las virtudes de sus aguas, se las utilizaba disponiendo en torno a ellas construcciones y plantaciones adecuadas a la naturaleza misma de las aguas. En todo su derredor instalaron estanques o piscinas, unos al aire libre y otros cubiertos, destinados estos a los baños calientes en invierno: existían separadamente los baños reales y los de los particulares, otros para las mujeres, también para los caballos y las demás bestias de carga, y cada uno poseía una decoración adecuada. El agua que procedía de aquí la condujeron al bosque sagrado de Poseidón. Este bosque, gracias a la calidad de la tierra, tenía árboles de todas las especies, de una belleza y una altura divinas. Desde ahí hicieron derivar el agua hacia los recintos de mar exteriores, por medio de canalizaciones instaladas siguiendo lo largo de los puentes. Por esta parte se habían edificado numerosos templos dedicados a muchos dioses, gran número de jardines, y gran número de gimnasios para los hombres y de picaderos para los caballos..."


O veamos el siguiente párrafo, que habla de algunas de las leyes y principios fundamentales de Atlántida, así como de la posterior degeneración en el cumplimiento de tales mandamientos: "Por lo demás, había otras muchas leyes especiales sobre las atribuciones propias de cada uno de los reyes. Las más notables eran: no tomar las armas unos contra otros; socorrerse entre sí, si uno de ellos había intentado expulsar de una ciudad cualquiera a una de las razas reales; deliberar en común, como sus antepasados; cambiar sus consejos en cuestiones de guerra y otros negocios orientándose mutuamente, dejando siempre la hegemonía a la raza de Atlas. Un rey no podía dar muerte a ninguno de los de su raza, si éste no era el parecer de más de la mitad de los diez reyes..."


"Durante numerosas generaciones y en la medida en que estuvo sobre ellos la naturaleza del Dios dominándolo todo, los reyes atendieron a las leyes y permanecieron ligados al principio divino, con el que estaban emparentados. Sus pensamientos eran verdaderos y grandes en todo; ellos hacía uso de la bondad y también del juicio y sensatez en los acontecimientos que se presentaban, y eso unos respecto de otros. Por ello, despegados de todo aquello que no fuera la virtud, hacían ellos poco caso de sus bienes: llevaban como una carga el peso de su oro y de sus demás riquezas, sin dejarse embriagar por el exceso de su fortuna, no perdían el dominio de sí mismos y caminaban con rectitud. Con una clarividencia aguda y lúcida, veían ellos que todas estas ventajas se ven aumentadas con el mutuo afecto unido a la virtud y que, por el contrario, el afán excesivo de estos bienes y la estima que se tiene de ellos hacen perder esos mismos bienes, y que la virtud muere así mismo con ellos. De acuerdo con estos razonamientos y gracias a la constante presencia entre ellos del principio divino, no dejaban de aumentar en provecho de ellos todos estos bienes que hemos ya enumerado. Pero cuando la inspiración divina que había en ellos empezó a decrecer debido al cruce continuo con numerosos elementos mortales, es decir, cuando comenzó a dominar en ellos el carácter humano; entonces, incapaces ya de soportar su prosperidad presente, cayeron en la indecencia".


"Se mostraron repugnantes a los hombres clarividentes, porque habían dejado perder los más bellos de entre los bienes más estimables. Por el contrario, para quien no es capaz de discernir bien qué clase de vida contribuye verdaderamente a la felicidad, fue entonces precisamente cuando pretendían ser realmente bellos y dichosos, poseídos como estaban de una avidez injusta y de un poder sin límites. Y el dios de los dioses, Zeus, que reina con las leyes y que, ciertamente, tenía poder para conocer todos estos hechos, comprendió qué disposiciones y actitudes despreciables tomaba esa raza, que había tenido un carácter primigenio tan excelente. Y quiso aplicar un castigo, para hacerlos reflexionar y llevarlos a una mayor moderación. Con este fin reunió él a todos los dioses en su mansión más noble y bella: ésta se halla situada en el centro del Universo y puede verse desde lo alto todo aquello que participa del devenir. Y, habiéndolos reunido, les dijo:......." En este punto es donde queda inacabado el mencionado diálogo de Platón.


Es curioso que Critias se parara justo cuando iba a entrar precisamente en el meollo de la cuestión, pues en el Timeo dijo que el diálogo habría de tratar de la guerra entre los dos países, así como de la catástrofe que siguió luego y que hizo sucumbir a la mismísima tierra sobre la que se asentaba la civilización atlante.


Hay varias hipótesis para esta súbita terminación: que el trozo que falta se perdió; que Platón se vio imposibilitado para acabar el diálogo porque la muerte le sobrevino; que dejó inacabada su gran trilogía de diálogos para dedicarse a su obra las Leyes; o quizás, que el resto de la historia sólo podía ser transmitida, por ser saber esotérico, a sus discípulos más directos, y siempre de labio a oído, en el más tradicional estilo.


La siguiente referencia a la Atlántida aparece trescientos años más tarde, a manos del geógrafo e historiador Estrabón, que vivió en los tiempos de Jesucristo. Este autor dudaba de la veracidad de la Atlántida.


A principios de la era cristiana hubieron opiniones para todos los gustos: Filón de Alejandría era partidario de ella, Plinio el Viejo no está convencido y Plutarco pasa un poco de refilón sobre el tema sin definirse. En cambio, hay algo en común entre todos ellos, pues sólo mencionan como referencia de la Atlántida a Platón.


Sólo un filósofo del signo V llamado Proclo cita a un tal Marcelo, historiador y geógrafo, el cual afirmaba que los datos acerca de la Atlántida fueron tomados por viajeros en una isla remota, y que sobre el tema se había discutido ampliamente en las escuelas de Alejandría, en Egipto. Pero, como hoy en día nadie sabe donde encontrar dicho manuscrito, la referencia resulta indirecta.


Durante el obscuro milenio que siguió a la caída de Roma casi no se habló o escribió sobre la Atlántida.


Los navegantes que comenzaron a partir de inicios del siglo XVI a viajar a la recién encontrada América volvieron a hablar del tema.


Entre los siglos XVI y XVIII las menciones fueron de un carácter tremendamente especulativo, con demasiadas contradicciones entre sí.


La excepción a mediados del signo pasado fue el gran químico y físico francés Marcelin Berthelot (1.827-1.907), impulsor de la termodinámica y autor reconocido por la historia de la ciencia, así como ministro de Instrucción Pública y posteriormente de Asuntos Exteriores.


Berthelot y su grupo realizaron investigaciones en torno al tema de la Atlántida.


También a finales del signo XIX encontramos algo realmente interesante y congruente, bajo la pluma y el ingenio de Ignatius Donnelly, un congresista norteamericano que también llegó a vicegobernador de Minnesota. Era reconocido como el miembro más culto del Congreso. El publicó The Antediluvian World (La Atlántida: el mundo antediluviano) en 1.882, el cual llegó a ser muy leído en todo el mundo y que sigue siendo la base de la mayor parte de las teorías actuales serias en cuanto a la Atlántida. Este libro fue un verdadero best-seller y de él se hicieron 50 reimpresiones antes de ser revisado en 1.950.


No cabe duda alguna en cuanto a la soberbia capacidad intelectual de Donnelly, pues él tomó datos de la mitología comparada, la historia, la botánica, la zoología, la oceanografía, la biología, la filología, la arqueología, la geología, etc., realizando una magistral síntesis que daba la razón a Platón y que pormenorizaba muchos más detalles sobre la Atlántida.


Según Donnelly, existen motivos más que suficientes para pensar que existió una cultura de un gran nivel en tiempos que normalmente se llaman prehistóricos, y ésta estaba en el océano Atlántico. Su centro era una gran isla continente situada al oeste del estrecho de Gibraltar.


Una serie de islas menores unían a la Atlántida tanto con Europa como con América. Las colonias del imperio y sus zonas de influencia cultural y social se extendían por el oeste hasta Perú, el Amazonas, el Golfo de México e incluso el valle del Mississipi, mientras que por el este alcanzaban la costa oeste de Europa y Africa, el Mediterráneo incluyendo Egipto, el Báltico, el Mar Negro y el Caspio. Por el norte llegaban hasta Irlanda. Sus contactos culturales y de intercambio comercial se realizaban incluso con China y la India.


La Atlántida según Donnelly fue el verdadero mundo antediluviano; el Edén; los jardines de las Hespérides; el monte Olimpo de los griegos; los Campos Elíseos, etc. y, en definitiva, la memoria planetaria de un gran país donde la humanidad vivió durante mucho tiempo en paz y desarrollo pleno.


Acorde con los presupuestos del autor, las mitologías de Egipto y Perú estaban ligadas a la religión genuina de la Atlántida, que era fundamentalmente de base solar.


La colonia más antigua de los atlantes estaba en Egipto, donde esta cultura había sido levantada en buena medida a imagen y semejanza de la antigua Atlantis.


La opinión de Donnelly era que los instrumentos de la Edad del Bronce en Europa eran originarios de la Atlántida. Los atlantes fueron también los primeros en fabricar hierro.


La Atlántida fue igualmente el punto de proveniencia de las naciones arias o indoeuropeas, así como de los pueblos semíticos. En cuanto al lenguaje, Donnelly dice que el alfabeto de la Atlántida está en los orígenes del alfabeto fenicio, padre de todos los alfabetos europeos. El lenguaje atlante se expandió desde Atlantis hasta los mayas de América Central.


En el cataclismo que provocó la desaparición de la Atlántida por el océano, prácticamente todos sus habitantes perecieron. Unos pocos escaparon en barcos y balsas, llegando tanto al este como al oeste con el relato de lo que había sucedido. De ahí provienen las diferentes leyendas y registros sobre el gran Diluvio que se encuentran tanto en las culturas del este como del oeste del Atlántico.


El gran desacuerdo de base entre los planteamientos de Donnelly y las críticas que posteriormente le hicieron los arqueólogos, entre otros, fue lo siguiente.


Donnelly se sustentó en lo que en antropología se conoce como "teoría difusionista", que es algo así como dar un origen común a las culturas y civilizaciones que son parecidas, similares o análogas entre sí. Por tanto, como suele ocurrir con la visión más esotérica del saber humano, no se piensa que existan las casualidades o las correspondencias fortuitas. En tal sentido, Donnelly consideró que las similitudes asombrosas entre las pirámides y centros ceremoniales de México, Egipto y Oriente Medio se debían a que estas culturas se sustentaron en cimientos comunes, es decir, atlantes.


En cambio, la mayoría de los arqueólogos oficiales actuales se decantan a favor de la teoría de la convergencia, que sustenta que las diferentes culturas tienen inclinación a evolucionar de una manera semejante, aunque entre sí no se hayan relacionado de manera directa.
Por el contrario, Donnelly interpretó algo más que simples correspondencias sin hilo conductor en aperos de labranza muy similares en Suiza y en Africa de la Edad del Bronce, o en los signos de escritura de civilizaciones tan dispares como la azteca y la china. Según su punto de vista, no era lógico pensar que la Edad del Bronce se hubiera transmitido de Europa a América a través de casi 6.000 kms. de mar vacío. Más bien, al contrario, él no sólo pensó que el continente de la Atlántida sirvió de puente entre Europa y América, sino que la civilización atlante fue el principal foco de irradiación hacia estos dos continentes durante la Edad del Bronce.


Si bien es evidente por el momento la escasez de pruebas irrefutables en cuanto a la existencia de la Atlántida, las que apuntan a un sí de su existencia no son leves. Por ejemplo, uno de los acontecimientos más impresionantes de la historia de la arqueología se encuentra posiblemente ligado al cataclismo que acabó con la existencia de la antigua Atlántida.


En 1.933, el popular clarividente Edgar Cayce dijo lo siguiente en estado de trance: "en la porción hundida de la Atlántida o Poseidia puede aún descubrirse parte de los templos bajo el fango acumulado por tantos siglos en el mar, cerca de lo que llaman Bimini, frente a las costas de Florida".


En 1.968 un equipo de buscadores submarinos realizó un sorprendente hallazgo: nada menos que algo parecido a una construcción de 580 metros de largo y con forma de una especie de letra J, hecha de enormes piedras rectangulares que descansaban en el fondo, a un kilómetro aproximadamente de Paradise Point, en Bimini Norte, una de las islas de las Bahamas.


Muchos de los arqueólogos oficiales se apresuraron a decir que aquello era una formación natural, pero hubieron otros que continuaron perseverando y que avanzaron mucho más los trabajos y estudios, animados por atlantólogos y arqueólogos aficionados. Hasta fechas bastante recientes ha sido el Doctor David Zink el que ha llegado más adelante con el tema. El se interesó por el descubrimiento de Bimini cuando daba clases de inglés en una academia de las Fuerza Aéreas de los Estados Unidos.


Desde 1.974 Zink ha sido el director de numerosas expediciones submarinas junto a Bimini Norte y los resultados de los que ha pasado informe resultan harto interesantes.


Por ejemplo, un trozo de mármol muy desgastado que podría perfectamente ser una cabeza esculpida. También habló de una piedra labrada y con los bordes machihembrados. Machihembrar hace referencia a la unión de dos piezas tabloides por sus cantos, realizando una hendidura en uno de ellos para que encaje el saliente de la otra.


También Zink describe el descubrimiento de pautas geométricas en la colocación de las piedras en el lecho marino, con referencias astronómicas y astrológicas a las siete estrellas de la constelación de las Pléyades.


En definitiva, para Zink no existe ninguna duda de que las piedras halladas fueron esculpidas o colocadas por manos humanas, a la vez que no se pueden asimilar a ninguna de las culturas conocidas.


Como ya veremos más adelante, más que pensar que la Atlántida extendía su territorio casi hasta Florida, se sospecha que la zona del Golfo de México y del Mar Caribe pudieron haber sufrido un gran hundimiento de tierras debido al mismo fenómeno que causó la desaparición del continente Atlantis.


De los más de 10.000 libros y artículos que se han escrito sobre la Atlántida, uno de los más fascinantes y documentados es el de Otto Heinrich Muck, titulado El Secreto de la Atlántida, el cual fue publicado en 1.976 en Alemania, 20 años después de su muerte. Muck, nacido en Viena, tuvo un enorme curriculum como efectivísimo ingeniero, pues a su nombre poseyó más de 2.000 patentes registradas.


Contribuyó a perfeccionar los submarinos en la segunda guerra mundial, para que estos pudieran estar sumergidos bajo el mar durante varias semanas. También fue un componente del equipo de investigaciones que creó las bombas volantes V-1 y V-2, que en sí fueron los primeros proyectiles dirigidos. Sus conocimientos llegaron incluso a abarcar una buena cantidad de las ciencias modernas (geología, historia, matemáticas, etc.), pero nosotros hablamos de él aquí por el enorme interés que le generó el tema de la Atlántida.


Muck se detiene bastante en la cuestión de cómo conciliar los conocimientos de la arqueología y la historia modernas con la posible existencia de la Atlántida, y en cuanto a ello aporta interesantes cuestiones.


Una de ellas es el hecho de que en los tiempos de la Atlántida una buena porción de Europa estaba cubierta de nieve y hielo, pues se piensa que ese período de glaciación comenzó a retroceder en el año 10.000 antes de Cristo aproximadamente. Muck aquí interpreta que la propia situación de la Atlántida impedía que la Corriente del Golfo, que como sabemos es cálida, calentara como hoy lo hace a las costas de Europa. Por el contrario, esa Corriente del Golfo era la que bañaba por entonces a la isla-continente Atlántida dándole el clima templado del que precisamente Platón habla.


Pero recordemos algo acerca de la Corriente del Golfo o Gulf Stream. Esta se debe a la mayor velocidad que poseen los puntos de la tierra situados a la altura del Ecuador. Es decir, debido al fenómeno de la rotación de la tierra sobre su propio eje en 24 horas, una persona situada exactamente sobre el Ecuador recorre en 24 horas unos 48.000 kms. (radio de la Tierra), lo cual hace 2.000 kms/hora, mientras que según nos acercamos a alguno de los dos polos, la velocidad es menor. Recordemos además que la Tierra gira de oeste a este y que por ello nosotros vemos al Sol moverse aparentemente alrededor de nosotros en sentido contrario, es decir, de este a oeste. Pero si visualizamos al océano Atlántico, veremos que con las masas de agua ha de suceder lo mismo. Esto significa que las masas de agua que están en el centro del Atlántico van más deprisa que las que están situadas más cerca de los polos. Así, las aguas de la zona ecuatorial del Océano Atlántico debido a su inercia se dirigen hacia las costas americanas, fundamentalmente hacia el Mar Caribe y el Golfo de México. Este efecto es el que genera precisamente la dinámica de corrientes en el Océano Atlántico, con una corriente llamada Ecuatorial que va de este a oeste y que "rebota" en el Golfo de México para constituir la Gulf Stream, la cual sale de México con una temperatura de unos 30º y progresivamente se va haciendo más templada hasta llegar a bañar prácticamente todas las costas de Europa.

Analizando los restos de plantas presentes en cada uno de esos estratos se establece una relación entre edad del estrato y tipo de vegetación existente. Como las diferentes especies vegetales son distintas según las temperaturas medias, este sistema nos va a indicar qué temperaturas medias existían en ese momento y ese lugar del pasado, con lo cual se pueden hacer gráficos de zonas isotermas para diferentes épocas geológicas pretéritas del planeta.


Precisamente hace unos 11 mil años (9.000 a. J.C.) terminó la última glaciación (de Würm).


Los geólogos hablan de cinco glaciaciones durante el cuaternario (último millón y medio de años de la Tierra) y la de Würm es la única que ha ocurrido durante el cuaternario reciente, que es el subperíodo del cuaternario que llega hasta nuestros días. Durante esa glaciación los hielos o zonas muy frías se encontraban mucho más al sur en Europa que hoy en día, con lo que las zonas isotermas estaban muy desplazadas hacia el área cercana al Mediterráneo. Incluso en la Península Ibérica llegaron a haber glaciares.


Esto coincide con la versión de Muck, y también con la fecha dada por Platón para la destrucción de la Atlántida.


Por todo ello, la consecuencia de la desaparición de la isla atlante fue la posibilidad de que la Corriente del Golfo alcanzara sin impedimentos las costas de Europa, lo cual generó hace unos 11.000 años la rápida finalización de la última glaciación.


La corriente cálida del Golfo hoy es vital para Europa, pues sin ella su clima sería mucho más frío y seco.

Muck encuentra una clara relación entre esta cuestión de la Atlántida y la Corriente del Golfo, por un lado, con las extrañas costumbres de apareamiento de las anguilas de Europa. Estas anguilas nacen en el mar de los Sargazos, que está al sudoeste de las Azores.

Este es el mar que está en el centro del remolino de corrientes del Atlántico, es decir, circundado por la corriente marina Norecuatorial y por la Corriente del Golfo. Todo lo que va a parar a este mar de quietud se queda ahí y multitud de objetos y hasta de basuras se van acumulando progresivamente.


Por tanto, la puesta de los huevos de las anguilas se realiza cerca de las Bermudas. Se supone que una vez realizada la fecundación los adultos mueren. De los huevos nacen unas pequeñas larvas transparentes en forma de hojitas, llamadas leptocéfalos. Estas pequeñas larvas se dejan llevar por la corriente del Golfo a pesar de los peligros que hay en el camino, tales como los depredadores marinos, llegando por esta causa un mínimo porcentaje del total a su destino. Este viaje dura nada menos que 3 años y, una vez en Europa, remontan los ríos. En ese momento sufren una gran transformación, pues se hacen casi cilíndricos y se forma la aleta dorsal. En esta fase se les denomina angulas, subiendo los ríos en grandes bancos. Más tarde, cuando tienen 12 o 13 años de vida cambia su color a negro plateado, les salen pequeñas escamas y aumentan de tamaño. Ahora se llaman anguilas plateadas, están próximas a la madurez sexual y descienden al mar.

Atraviesan de nuevo todo el océano Atlántico hasta llegar nuevamente a la fosa de las Bermudas, que es su zona de puesta de huevos. En este viaje de regreso sólo tardan cuatro meses. Aunque está demostrado que las anguilas necesitan el agua dulce para alcanzar su madurez sexual, no parece lógico un viaje tan largo para las crías exponiéndose a tales peligros. Esta poco apta para la supervivencia costumbre tiene una explicación clara según nuestro interesante autor: en su memoria instintiva estos peces todavía conservan, por así decirlo, el "mapa" del Océano Atlántico con la Atlántida incluida.


Así, la Atlántida, que estaba mucho más cerca del mar de los Sargazos, daba cobijo con sus ríos a las anguilas, protegiéndolas de sus mortales enemigos los depredadores. Así, todavía hoy siguen buscando la protección de los ríos del "primer continente que se encuentra viajando hacia el este". Otra cuestión interesante que citó Muck es que ciertas aves durante su migración a través del Atlántico se quedan durante unas horas sobrevolando una zona vacía en el océano.


Un problema que trató de resolver Muck es que si la Atlántida efectivamente existió, lo lógico sería pensar que algunos restos de su avanzada civilización hubieran quedado en Europa. Pero en esa época según la historia y la arqueología oficiales habitaba en Europa el hombre de Neanderthal, que supuso un nivel clásico de la edad de piedra, es decir, con toscas armas y poco avanzada cerámica.


En cambio, Muck pretende explicar con su teoría la escasamente clara aparición del hombre de Cro-Magnon, que dejó en Francia y España vestigios de joyas, armas, pinturas de cierta perfección, etc. Según Muck, la arqueología no deja claro cuñal es el origen del Cro-Magnon, y cómo es que éste podría haber surgido directamente del Neanderthal. Para este autor, los Cro-Magnon dejaron rastros suficientes para pensar que venían del oeste subiendo a lo largo de los ríos. Ellos físicamente eran más altos, esbeltos y de piel rojiza, y tradicionalmente los atlantes se han asimilado a la raza roja. Para Muck ellos eran atlantes o descendientes de los atlantes, después del trauma y la caída cultural colectiva que supuso la destrucción de Atlantis. Para nuestro autor los más inmediatos descendientes de los atlantes en el continente americano eran los indios pieles rojas. A su vez, este autor tampoco pasa por alto las similitudes culturales y de raza existentes entre los pueblos de las dos orillas del Atlántico. Es lógico pensar que la Atlántida, por su posición privilegiada y por su nivel de civilización, obtuvo un grado importantísimo de influencia sobre muchas zonas de los tres continentes próximos: América, Africa y Europa.


Las analogías entre las pirámides de Centro y Sudamérica con las de Egipto fueron motivo de meditación para Muck.



También citó los paralelismos específicos entre los mayas constructores de pirámides y los vascos. Incluso en sus gustos deportivos parecen tener mucho en común. Los antiguos mexicanos dedicaron lugares privilegiados en sus ciudades para el juego de la pelota, y la afición de los vascos por este deporte es más que evidente aún hoy en día.


En cuanto a la fisiognomía, tanto los mayas como los vascos poseen el perfil aguileño, y en lo que respecta a la lengua vasca, no parece muy cierta la teoría de que sea sencillamente una lengua "única e independiente". Así, Muck menciona en su extraordinario libro que un cura misionero vasco se llevó una tremenda sorpresa al llegar a una lejana aldea de mayas puros en Guatemala, pues ellos entendían al padre cuanto éste les hablaba en vasco.


Con respecto a sus costumbres agrícolas, tanto los vascos como los mayas usaban layas, que es algo así como una especie de tenedor de dos puntas, en vez del típico arado.


TEORIAS SOBRE LA DESTRUCCION

Según el francés Serge Raynaud de la Ferriere, fue un cambio en el eje de la tierra el que coincidió con la destrucción de la Atlántida. En ese entonces el polo terrestre estaba orientado hacia las Pléyades (las Hijas de Atlas), constelación generalmente llamada "las Atlántidas", cercana a Vega.
Las Xibaldaides, como se les llama también a "las Atlántidas", son mencionadas muy a menudo en las tradiciones americanas referentes al cataclismo.


Recordemos que también Zink realizó descubrimientos importantes en cuanto a referencias en las piedras sumergidas en relación con las Pléyades.


Pero la teoría de Muck es realmente una de las más congruentes y completas para encajar este rompecabezas. Según él, existen evidencias más que suficientes para pensar que fue un asteroide que colisionó con la tierra el que generó la destrucción de la Atlántida, aparte de una serie de efectos paralelos no poco importantes.


En 1.930 se llevó a cabo un reconocimiento aéreo completo con fotografías de todo el territorio de los EEUU para realizar unos planos destinados al catastro. Al norte de la península de Florida y dando al Océano Atlántico se encuentra la ciudad de Charleston, en el estado de Carolina del Sur. Al norte de esta ciudad hay unas tierras de cultivo muy buenas, diríamos que excelentes. Los propios agricultores que las trabajan las consideran diferentes a las demás. Ellos las denominan bays (bahías), pues son como dunas curvadas o semicirculares. Vistas desde el aire estas bahías son óvalos. Se observan cosas interesantes en esta especie de dunas semicirculares. Por un lado, se ve claramente que son el producto del impacto de algo que vino de arriba y ello hizo que ciertas capas un poco más profundas de la tierra se mezclaran con los estratos superficiales. Además, existe en ellas una ligera radiactividad que favorece también el crecimiento de las plantas. Para los científicos está claro que esta zona constituye un campo de caída de un enjambre de meteoritos, lo cual sucedió en tiempos pre-históricos.


Observando las fotografías aéreas se comprueba que esta zona terrestre plagada de impactos de meteoritos adquiere en su conjunto una forma ovalada, pero esa elipse se completa al juntarla con una zona ya situada dentro del mar.


Y así es, efectivamente, frente a las costas de Charleston se definen en su lecho hasta más de tres mil cráteres de forma ligeramente ovalada y que poseen además todos ellos por el lado del sureste una pared algo más prominente. Pero no se ha de confundir este tipo de cráteres con los que hay en la Luna, por ejemplo. En los cráteres meteoríticos de nuestro satélite se observa un gran desorden en su enorme cantidad de impactos, pues hay muchos que están sobrepuestos con otros y esparcidos de una manera muy irregular. Ello indica que los cráteres lunares han sido el resultado de muchos millones de años de impactos meteoríticos.


En cambio, lo que ocurre en Charleston y en sus costas es bien diferente, pues queda claro que el susodicho enjambre de viajeros celestes hizo colisión con la superficie del mar y la tierra prácticamente con simultaneidad y provenientes todos desde la misma dirección. Ello lo demuestra también el hecho de que los pequeños cráteres en conjunto conforman un gran óvalo o elipse. Para Muck esto fue fácil de interpretar, debido a su experiencia en cohetes, misiles y demás. La conclusión fue simple: estos cráteres fueron abiertos por algo -rocas evidentemente- que llegaron desde el aire y desde el lado opuesto a la situación de los rebordes más prominentes. Así, fragmentos del asteroide provenientes del noroeste impactaron en esta zona dejando el lecho marino realmente acribillado.


Pero la cuestión no quedó sólo en una serie de impactos secundarios, lo cual habría quedado un tanto incompleto sin la detección del "principal culpable" del cataclismo.


Más lejos del punto comentado anteriormente, es decir, más adentro en el mar, se localizan dos depresiones gigantes que son conocidas comúnmente como la Fosa de Puerto Rico, con nada menos que 9.220 m. de profundidad desde el nivel del mar (las más profundas del Atlántico) y 720.000 kms. cuadrados de superficie. Tengamos en cuenta que el lecho Atlántico por lo general posee unos 4 kms. de profundidad, excepto en la zona de la Dorsal Atlántica, donde tiene entre 3'5 kms. y 1 km de hondo. Probablemente sea un poco difícil imaginar la potencia del impacto de esos grandes pedazos, los cuales alcanzaron el fondo del mar con la suficiente fuerza como para perforarlo. En todo el desarrollo de su libro Muck insistió en tomar totalmente en serio los planteamientos de Platón. Es decir, muchos autores anteriores a él, incluso atlantólogos, habían interpretado las descripciones de Platón como algo en general, pero no en todos sus detalles.


Así, algunos pensaron que en realidad la Atlántida se localizó en el Mediterráneo. Por ejemplo, en 1.939 el arqueólogo griego Spyridos Marinatos propuso que la Atlántida fue en realidad la isla Egea de Thera, que fue destruida parcialmente por una erupción volcánica en 1.470 a. J.C. y que se sitúa a 100 Kms. al norte de Creta. Este acontecimiento pudo provocar la catástrofe para una parte de la civilización minoica, que en esa época todavía era floreciente. En ese acontecimiento hubo torrente de cenizas, erupciones volcánicas, terremotos y maremotos, con lo que la hipótesis podía dejar ciertamente a muchos satisfechos. Pero ese no fue el caso precisamente de Muck, cuya inspiración era encontrar una teoría coincidente con Platón prácticamente en su totalidad.


Precisamente el filósofo griego habló de "una desviación de las estrellas en su curso y la destrucción por el fuego de todas las cosas sobre la tierra". Para Muck el asteroide provenía seguramente del grupo Adonis, que tiene órbitas de giro en torno al Sol con un grado de excentricidad preocupante sobre todo para planetas interiores del sistema solar como es el caso de la Tierra.


Según los fascinantes y certeros cálculos de Muck, el asteroide A -como él lo llamó- debía tener unos diez Kms. de diámetro, acorde con sus observaciones de los cráteres del fondo oceñnico. A 400 Kms. de altura el asteroide comenzó a despedir el resplandor rojizo del hidrógeno ardiendo, siendo su dirección como ya se había dicho proveniente del noroeste. Dejó tras de sí una estela de gases incandescentes de 30 a 50 Kms. de largo. En cuestión de dos minutos entró en la parte más condensada de la atmósfera terrestre y estalló. Muck habla del "gran estallido", que supuso una explosión de increíbles dimensiones. Debido a ello el asteroide se dividió en cuatro partes, cada una pesando miles de millones de toneladas, que cayeron al mar. Dos de ellas generaron la Fosa de Puerto Rico y sus pedazos más pequeños alcanzaron las costas de Carolina.
Los otros dos grandes fragmentos penetraron la corteza terrestre en uno de sus puntos sensibles, la Dorsal Atlántica, poniendo en acción esta zona con sus volcanes.


Muck calculó que la fuerza explosiva del choque del meteoro contra la Tierra equivalió a 30.000 megatoneladas de nitroglicerina, equivalente a la de 3.000 bombas H medianas. La Dorsal Atlántica se puede observar según los mapas oceanográficos como una gran cadena montañosa de unos 2.700 m. de altura que va desde Islandia hasta la plataforma antártica. En la zona de las Azores, precisamente, la cadena atlántica forma una masiva altiplanicie de 1.100 kms. de largo por 400 kms. de ancho. En esta región existen montañas volcánicas al norte y algunas cimas sobresalen en la superficie, formando el archipiélago de las Azores, el cual por lógica ha de ser el resto más genuino del continente atlante. El tamaño y la forma de esta meseta submarina es muy similar a lo que se describía acerca de la Atlántida, con montañas al norte y con una superficie aproximada de 450.000 kms. cuadrados, es decir, similar a la de España.


Si tenemos en consideración que la Dorsal Atlántica es uno de los puntos sensibles del planeta según la teoría de la tectónica de placas o de deriva de los continentes (véase más adelante), podremos imaginar la posterior activación que se produjo de su serie de volcanes submarinos, así como terremotos y maremotos que fueron más que suficientes para destruir en pocas horas a la isla-continente.


Teniendo en cuenta la posición de la meseta submarina de las Azores, se deduce que la isla-continente Atlántida estaba relativamente cerca de la grieta que separa las dos grandes placas del Atlántico.


La Tierra está compuesta por varias envolturas superpuestas y concéntricas y se suelen diferenciar cuatro capas: corteza, manto, núcleo externo y núcleo interno.


La que ahora nos interesa conocer un poco más es la primera, llamada corteza sólida o litosfera, que tiene un espesor variable dependiendo del punto del planeta de entre 10 y 40 kms. de grueso, siendo mínimo en el lecho oceñnico (10 kms.) y máximo en los continentes (40 kms.). Está formada por un material rocoso de densidad 2'8 a 3 (en el núcleo la densidad es entre 9 y 12). La corteza se llama también sial (sílice y aluminio, sus principales componentes) y es de tipo granítico. La parte más externa del manto se llama sima (sílice y magnesio) y es de tipo cristalino, llegando hasta los 1.000 kms. de profundidad.


Por debajo de la corteza terrestre ya existen zonas de magma fundido.


Así, los continentes son como masas de sial flotando en el sima. Por todo esto, podríamos comparar la Dorsal Atlántica con la soldadura de un tanque de combustible o de gas a presión. Precisamente esta zona es relativamente débil, porque es el producto de sucesivas "soldaduras", las cuales se van generando por los consecutivos enfriamientos de los materiales ígneos que lentamente van surgiendo del interior. Al entrar en contacto con las aguas del Océano Atlántico el enfriamiento es lógicamente más rápido.


La perforación del lecho marino por la caída de los meteoros gigantes en esta zona es comparable a que uno de estos tanques recibiera un fuerte impacto. Ello generaría no sólo una salida de la presión por el orificio sino que la línea de soldadura, que posee una mucho menor resistencia, se rasgaría.

Como consecuencia el contenido del tanque sale por la rotura a grandes temperaturas. Lo mismo podía haber ocurrido con los grandes fragmentos del meteorito. Después de producirse el enorme impacto, el magma no sólo salió al océano por las perforaciones producidas, sino por una buena parte de la Dorsal Atlántica. Esto supuso que la isla-continente Atlántida perdiera su estabilidad y soporte, pues al perderse magma por la grieta atlántica las dos placas colaterales oscilaron hundiéndose un tanto en la zona de unión entre ambas. Recordemos que el apoyo del sial es el sima.


Solamente los picos más altos del continente quedaron por fuera, que son los que hoy en día constituyen las Azores. Muck escribe: "Toda la isla se vio envuelta en una trampa de llamas".


Según continúa Muck, "de las profundidades surgió a las aguas del Atlántico magma al rojo vivo y se generó vapor hirviendo que subió con increíble velocidad. Trombas huracanadas coronadas por nubes en forma de hongo subieron más arriba de la troposfera. Sobre todo el área se formaron nubes de vapor y cenizas tan grandes como continentes".


Esto que explica Muck está totalmente en línea con el hilo conductor seguido hasta ahora, pues al abrirse en parte la grieta atlántica las aguas del océano también intentaron penetrar hacia los adentros de la tierra. Es decir, se evaporaron enormes cantidades de agua marina.


La causa, como conclusión, del hundimiento de la isla continente fue precisamente la salida del magma hacia la superficie, lo cual generó una depresión y por tanto un cierto hundimiento de las dos placas atlánticas por el lado donde ellas se unen.


Incluso la cifra que había dado Platón sobre el tiempo que tardó Atlantis en hundirse la vio Muck como muy exacta según sus cálculos: "en un solo día pavoroso y una sola noche pavorosa". Parece claro que en la zona del continente atlante no quedó nadie para contar lo que había sucedido, con lo que los historiadores no se deberían sentir inseguros a la hora de valorar algo del pasado que no tuvo la oportunidad de dejar prácticamente ningún registro humano.


A la vez sucedieron otros varios cataclismos geológicos en prácticamente todos los continentes, por ejemplo en la propia América, cuyo ángulo nordeste sudamericano se inclinó hacia el Atlántico, mientras que a la vez la región noroeste sudamericana se elevó sobre el Pacífico, realzando lo que hoy en día son los Andes.


Es decir, debido al propio centro de gravedad de la placa, el lado atlántico del continente americano se hundió quizás 30 o 50 metros, mientras que el borde del Pacífico pudo subir hasta 3.000 metros o más.


Todavía en este continente, una gran parte de América Central se hundió para formar el Golfo de México y el Caribe, con el rosario de islas que contiene. Es relativamente fácil trazar la costa con una línea dibujada a partir de Florida a las Bahamas, Santo Domingo, Puerto Rico, las Antillas y la costa norte de Sudamérica.


Muck piensa que el gigantesco acontecimiento quedó plasmado en el calendario maya. Así, el inicio de este calendario coincidiría precisamente con la catástrofe, que según cálculos de algunos expertos fue el 5 de junio del año 8.498 a. J.C. Aquel día el Sol, la Luna y Venus estaban en línea, por lo que Muck pensó que esta conjunción desvió el asteroide de su órbita cuando pasaba cerca de la Tierra. Muck llegó incluso a fijar la hora del impacto alrededor de las 8 de la noche según el horario de la longitud donde ocurrió éste.


La basculación de placas tectónicas que ocurrió en América no sucedió con las placas de Europa y de Africa porque estos dos continentes son mucho más anchos en el sentido oeste-este. Así, las costas de Europa bajaron ligeramente y rompieron en algún punto. En cambio, las placas americanas son más estrechas. Esa es la explicación por la que en la cordillera de los Andes se encuentran en estratos de tierra a 4.000 metros de altura restos fósiles de conchas marinas y de peces. En cambio, la isla-continente Atlántida cayó quizás unos 3.000 metros hacia el fondo del mar. Platón hablaba de un pico de varios miles de metros de altura en Atlantis, con lo cual por lógica hemos de pensar que deben de existir actualmente montañas altas en las Azores. Y así es, efectivamente, pues son varias las que pasan de los 1.000 metros de altura.


Los estudios con sonar que han realizado los soviéticos y los norteamericanos en la zona donde se supone que estuvo Atlantis han demostrado la existencia de relieves muy similares a los que describió Platón en relación con el antiguo continente. Hasta tal punto es así que a esos relieves se les ha ido bautizando con nombres como: cabo Platón, llanura Poseidón, etc. y hasta le dedicaron otro accidente submarino a Aristóteles. En general, al conjunto de la altiplanicie submarina le dieron la denominación de Atlántida.


La nube de vapor que se elevó hasta considerable altura también contenía productos mortales para la vida, generados por la ignición de los materiales del propio cometa.


El diluvio de que habla la Biblia y los registros ancestrales de muchas culturas antiguas se pueden relacionar con las enormes cantidades de agua que se evaporaron y que por lógica posteriormente tuvieron que precipitar de manera tumultuosa. Todavía el comentario de Platón acerca de un mar de lodo que impidió la navegación pasadas las Columnas de Hércules (Gibraltar), tiene según el hilo principal de exposición una total lógica.


El autor avanza más y más hacia un panorama congruente al citar la desaparición todavía no explicada de los mamuts, que vivían por entonces en el norte de Asia, en Siberia, la cual estaba libre de hielos. El número de estos animales era numerosísimo allí, incluso de decenas de miles.


Lo interesante de la cuestión es que los primeros restos encontrados fueron inicialmente fósiles, hasta que se comenzaron a descubrir animales casi intactos enterrados entre los hielos de Siberia. Para que se produjera una congelación en tan buenas condiciones de esos animales era necesario que ésta fuera tremendamente rápida.


Además, la disección de estos animales tan bien conservados ha demostrado que muchos de ellos tenían en su estómago comida que había sido ingerida recientemente, con lo cual parece que la muerte y la congelación que sufrieron fue súbita, quizás en un plazo de como máximo 2 o 3 días.


Según Muck, una nube tóxica repleta de gases mortíferos flotó dejándose llevar por los vientos alisios para asfixiar hombres y animales allí donde descendía. Esta nube cubrió lo que era el hábitat natural de estos antepasados del elefante y los exterminó en cuestión de horas, quedando muchos de ellos con la comida dentro de su aparato digestivo.


El tipo de vegetales que conservaron en sus entrañas es una incógnita para los científicos, pues era propio de una zona más cálida que la actual Siberia, con lo cual se podría pensar que hubo un brusco cambio de clima debido a una variación de la dirección del eje de la Tierra. Igualmente, tampoco ellos han dado explicación a la forma en que los mamuts quedaron congelados. Lo que sí ha quedado claro con las pruebas del carbono 14 es que esos mamuts congelados vivieron hace unos 12.000 años aproximadamente, lo cual también coincide con nuestro argumento principal.


Respecto a por qué como humanidad no hemos conservado un mínimo registro de lo que ocurrió, Muck calcula que nuestra especie tardó unos tres mil años en recuperarse del cataclismo. Durante mucho tiempo perduró sobre la Europa norteña una enorme nube de ceniza volcánica, que filtraba enormemente los rayos del Sol.


Después de todo este período en el que prácticamente se bajó de nuevo a los niveles de la barbarie, no fue hasta el año 5.000 a. J.C. que se comenzó de nuevo a gestar lo que solemos entender como civilización. De lo que fue y representó la Atlántida a esa época sólo llegaron leyendas y vestigios muy deslabazados. Esto quitando lo que se supone fue la continuación de la cultura de las colonias atlantes, entre ellas la egipcia.


La doctora Asher, de la Universidad de los Angeles, dijo públicamente que si la Atlántida en realidad había existido, tenían que haber quedado una serie de restos en el lecho submarino en la zona en que aproximadamente se supone estuvo el continente hundido, es decir, enfrente del Golfo de Cádiz. La doctora pasó a los hechos y dirigió un equipo profesional de exploración submarina que rastreó la mencionada zona.


Allí encontraron restos de columnas y caminos trazados en el fondo del mar. La doctora Asher dijo literalmente: "Las únicas inmersiones realizadas por mi grupo tuvieron lugar en aguas internacionales, a 17 millas de la costa y a lo largo de Cádiz, a unos 29 metros de profundidad. Sobre una plataforma que databa de unos 7.000 años a. J.C. y que por entonces se encontraba al nivel del mar, el equipo de la Asociación Mediterránea de Investigaciones Atlánticas descubrió restos de columnas, bloques de piedra y al parecer carreteras".


Según el equipo de estudiosos y profesores que estaba en relación con la expedición, los restos hallados frente a la costa de Cádiz no podían constituir parte de civilizaciones usuales para nosotros y para la historia oficial, tales como la fenicia o la romana. Las fotografías demostraban que el tipo de arquitectura era de unos rasgos bien diferentes a los que se encuentran catalogados.


A finales de los años 70 el arqueólogo e investigador psíquico de la Universidad de Cambridge T. C. Lethbridge, habló acerca de la relación entre la Atlántida y Tartessos (la Tarshish bíblica), cuya existencia algunos remontan hasta 6.000 años a. J.C. y más. Tartessos estaba ubicada entre dos ríos en el sur de España, junto a las columnas de Hércules (estrecho de Gibraltar). Lethbridge también se interesó por otras muchas leyendas del norte de Europa que mencionaban tierras desaparecidas, como la tradición bretona de la tierra de Ys, el Tir Nan Og escocés, el Lyonesse de Cornualles, el Avalon de la historia de Arturo, etc.


Si tratamos de hacer congruentes estos datos demostrados con el hilo fundamental que hemos ido siguiendo, proponemos la siguiente versión. Si la catástrofe fue de la magnitud que se supone, podemos imaginar que el hundimiento de tierras se produjo en varios lugares ubicados en el entorno del escenario fundamental. Es decir, los restos civilizados que se han hallado en las costas de Cádiz perfectamente pueden indicar que parte de este golfo también se formó como consecuencia del hundimiento de tierras, lo cual no quiere decir que esta zona -presumiblemente Tartessos-estuviera unida al continente Atlántida por tierra.


Esto es algo similar a lo que se puede sospechar en cuanto a los restos bajo el mar hallados en la zona del mar Caribe, que confirman que existió un gran hundimiento de tierras en lo que ahora es ese mar y el Golfo de México. Por ello, tanto este último caso del Golfo de Cádiz como el del mar Caribe se pueden considerar como efectos colaterales, aunque ciertamente impresionantes.


Incluso, se podría considerar la posibilidad de hundimientos de tierras en torno a las islas británicas e Irlanda.


Dicho de otra manera, el cataclismo afectó de forma seria a lo que presumiblemente eran algunas de las colonias y zonas de influencia atlantes.



¿ES CONGRUENTE LA EXISTENCIA DE LA ATLANTIDA CON LA TEORIA DE LA DERIVA DE LOS CONTINENTES?


Esta es prácticamente la mayor pega que se podría poner a la teoría de la existencia de la isla-continente Atlántida.


Pero hagamos un breve recordatorio acerca de lo que es la teoría de la tectónica de placas o de deriva continental. El meteorólogo alemán Alfred Wegener en 1.915 sacó a la luz su teoría y en esa época se le tachó prácticamente de loco, no siendo hasta la década de los años sesenta cuando los científicos encontraron suficientes pruebas experimentales que corroboraban totalmente los presupuestos de este autor.


Las teorías geológicas anteriores a Wegener dibujaban un núcleo terrestre sólido rodeado de una corteza de plomo fundido y capas de rocas cada vez más solidificadas, todo ello envuelto por una corteza rígida y fina (litosfera).


En cambio, para Wegener la gran diferencia era concebir a la corteza como móvil, aunque por supuesto con un lentísimo desplazamiento a lo largo de millones de años.


El comenzó a elaborar esta teoría observando los dibujos de las costas de los continentes. Si recortamos cada continente individualmente nos daremos cuenta de que unos con otros pueden encajar con bastante facilidad. Un caso muy típico es el de la costa del este de América con la costa oeste de Africa.


Así, según Wegener en épocas muy remotas existía tan solo un continente, al que él dio el nombre de Pangea.


Para este científico los continentes y las grandes islas se encuentran cimentados sobre bloques más profundos que tienen forma de placas, las cuales constituyen la litosfera (sial). A su vez, las placas "flotan" en un mar semifundido de materia cristalina llamada sima. Las placas entre sí están separadas por grietas.


Hay algunas grietas por donde lentamente surge hacia la superficie roca fundida o magma, que obliga a esas dos placas a separarse un poco más. Después esa lava se enfría y pasa a formar parte de las placas y por tanto de la litosfera. Un ejemplo de este tipo de grieta es la Dorsal Atlántica Central, que atraviesa el océano del mismo nombre de norte a sur. Esta dorsal está plagada de innumerables volcanes submarinos. De tal manera, el lecho o cuenca atlántica a ambos lados de esa grieta es una losa de roca enfriada después de salir del sial. Esta cuenca por supuesto se va haciendo cada vez más grande o más ancha a este y oeste.


El problema de espacio en la superficie se arregla porque hay otras grietas llamadas zonas de subducción, donde lo que ocurre es que una placa se va metiendo por debajo de la otra por efecto de su propio peso, es decir, de la gravedad. Este rozamiento de placas puede generar actividad sísmica cuando la tensión acumulada entre las dos placas se libera bruscamente. Así, el Océano Atlántico se va expandiendo a este y oeste, empujando tres placas gigantes: norteamericana, sudamericana y africana.


Wegener en realidad nunca se preocupó de la Atlántida y ni siquiera la mencionó, pero muchos detractores de la civilización perdida han usado la teoría de la tectónica de placas como excusa para dar carpetazo a la cuestión con un resultado negativo respecto a su posible existencia.


Lo curioso del caso es que muchos de los mapas o esquemas del primigenio continente Pangea que se utilizan comúnmente para ilustrar las teorías de Wegener, no coinciden con los que el propio autor de la teoría realizó originalmente.


Pero la verdad acerca de la cuestión es que el propio Wegener, después de muchos intentos, no logró hacer encajar los continentes del todo y para ello él mismo, el padre de la teoría, dejó en medio un gran lago, según su propia hipótesis. Podría ser un buen ejercicio el que el propio lector recortara de un mapa mundi los continentes y jugara con ellos tratando de encajarlos.


Es evidente que sí queda sitio más que suficiente para que hubiera existido la Atlántida.


En realidad, la teoría de la tectónica de placas no invalida en absoluto la teoría de la Atlántida desaparecida sino que, más bien, indirectamente hasta podría apoyarla bastante.
La otra cuestión, aparte de si existía "hueco" o no para la Atlántida en el primigenio continente Pangea, es la cuestión del motivo de la destrucción del continente hundido.


Está claro que en la zona donde se piensa que estuvo la Atlántida no existe ni hubo un motivo para el hundimiento de esta isla-continente en relación con la teoría de la deriva de los continentes.


Es decir, la Atlántida no estaba cerca del equivalente de ninguna falla de San Andrés, como ocurre con California, con lo que efectivamente la propia teoría de la deriva continental nos ayuda a descartar la hipótesis de un hundimiento generado por mecanismos "normales" dentro de la dinámica normal terrestre. Aún cuando la Atlántida estaba muy cerca o incluso rozaba la grieta atlántica, no hay que olvidar que a partir de esa zona "se crea" litosfera tanto a este como a oeste. Es decir, la grieta atlántica no es una zona de subducción donde una placa se mete debajo de la otra y donde las tensiones acumuladas dan lugar a fuertes y violentos terremotos.


En cualquier caso, es obvio que un terremoto normal no puede hundir así como así una isla-continente, ni un maremoto y ni siquiera una serie de erupciones volcánicas.


Esto nos ayuda en nuestras investigaciones, apoyando lo propuesto por el preclaro Muck: el hundimiento del desaparecido continente se debió a una catástrofe de grandes dimensiones ajena a los mecanismos normales terrestres, puesto que estamos hablando de algo acontecido hace 11.000 años aproximadamente y no cien millones de años atrás, por ejemplo, con lo que ya podríamos plantear la posibilidad de otros cambios geológicos más abundantes en el pasado de nuestro planeta.


Así, la hipótesis (casi teoría) de la intervención de un factor externo (del espacio exterior) está totalmente viva y coleando.




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