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El Mapa Piri Reis y los Mapas Antiguos mas Enigmaticos del Mundo.



Es uno de los grandes enigmas de la Historia. Y, quizás por eso, pocos se atreven a hablar de él. En 1929, durante una revisión de los fondos del palacio de Topkapi, en Estambúl, se descubrió una carta náutica elaborada en 1513 por el almirante turco Muhiddin Piri lbn Aji Mehmet, más conocido como Piri Reis.


Se trata de un mapa de la costa oeste de África y este de América, el cual sería consecuencia de haber estudiado una veintena de mapas más antiguos. El problema es que se describen zonas que, si nos atenemos a la historiografía “oficial”, no podían ser conocidas en aquella época.


Así, se contemplan los perfiles de las islas Maldivas, que no se cartografiarían hasta 1592, o marca el nacimiento del rio Amazonas en los Andes, a los que no se llegaría hasta 1533. En una inscripción situada a la altura del Caribe, hay algo más: ”Estas costas reciben el nombre de playas de las Antillas. Fueron descubiertas en el año 890 del calendario árabe, y se cuenta que un genovés infiel, de nombre Qulünbü, fue quien halló estos lugares”.

El genovés infiel es Colón. Y la fecha, en calendario cristiano, 1485… Esta es una de las tantas pruebas que esgrimen los defensores de la teoría según la cual la expedición a América era todo menos un viaje a lo desconocido, pues existen otros mapas en los que se habría apoyado Cristóbal Colón para emprender su aventura. 1485 es, además, un año “oscuro” en la biografía del almirante, pues nada se sabe de él desde que abandona, despechado, la Corte portuguesa en 1484 hasta que reaparece en la de los Reyes Católicos en 1486. ¿Habría realizado un primer intento durante ese año para confirmar los secretos de los que eran guardianes unos cuantos afortunados?

Hay otro dato, desconcertante por cuanto que se ha ignorado escandalosamente durante siglos a pesar de su evidencia. La tumba del Papa Inocencio VIII, nombrado sumo pontífice en 1484 y muerto en julio de 1492, meses antes del “descubrimiento”, presenta, a los ojos de todo aquel que se acerque por la Basílica de San Pedro, el siguiente epitafio: “Novi orbis suo aevo inventi gloria” (Suya es la gloria del descubrimiento del Nuevo Mundo). Epitafio colocado tres meses antes de la llegada de Colón al “nuevo mundo”, ni que decir tiene del tiempo que se tardó en recibir la noticia.

El conocimiento del Papa acerca de un nuevo mundo concuerda con otra tesis: el empeño de Colón en emprender su viaje a modo de cruzada, la cual habría sido favorecida por los intereses que Roma tenía en ello. ¿Por qué nunca se ha hablado de esto? En el grabado consta como fecha de muerte 1493: MCDXCIII… dato erróneo de todas todas y difícilmente creíble como un accidental y desafortunado desliz, sobretodo cuando hablamos de la tumba de un Papa. Así que alguien decidió añadir un palito en algún momento de la historia. Pero estos son otros asuntos que no vienen al caso del tema que nos ocupa.


Volvamos al mapa de Piri Reis. Además de por estos datos que ayudarían a aclarar enormemente, si se quisiera, los entresijos de la conquista de América (refiriéndonos siempre al academicismo oficial, porque el resto de investigadores ya lo tiene bastante claro), hay otro misterio que también se las trae. Y es que el turco plasmó en su carta náutica los contornos de la costa antártica.

Se trataría de la región conocida como de la Reina Maud, la cual no fue navegada hasta el siglo XVIII. En 1960, el investigador Charles Hapgood logró contar con el apoyo del Escuadrón de Reconocimiento Técnico de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, encargado de la cartografía militar norteamericana, para comprobar la precisión del mapa.


Las conclusiones del teniente coronel Harold Z. Ohlmeyer fueron un tanto inquietantes: la costa antártica que representaba el mapa no sólo era precisa, sino que tuvo que ser cartografiada, por necesidad, antes de que fuera cubierta por la capa de hielo de 1 km de grosor que la sepulta.


Cualquier geólogo nos dirá que la última vez que la costa de la Reina Maud estuvo libre de hielos fue hace ¡6000 años! Y dejaría margen hasta el 10500 a.C. apróximadamente, época en la que llega a su fin la última glaciación de nuestro planeta. Unos cuantos siglos antes de que, “oficialmente”, aparecieran las primeras civilizaciones conocidas.


Los libros de texto nos dicen que, en aquella época, debíamos estar intentando salir de las cavernas.


Para acompañar al mapa de Piri Reis, encontramos otras cartografías inquietantes de la Antártida en los mapas de Mercator, de 1595, y de Buache, de 1754. En éste último, para colmo, aparece el continente polar dividido en dos plataformas, islas, sólo apreciables de dos maneras: sin la capa de hielo de varios kilómetros que cubre el continenete o mediante los estudios sísmicos por los cuales las conocemos nosotros.



Mapa de Mercator


El Almirante Piri dejó redactado que su carta náutica era el resultado de copiar otros mapas antiguos a los que había tenido acceso en la Biblioteca Imperial de Constantinopla. Según el profesor Hapgood, muchos de los mapas custodiados en el siglo XVI habían llegado allí gracias a marineros fenicios. Durante la Tercera Cruzada, los venecianos asaltaron Alejandría y muchos de los marineros de ese puerto italiano comenzaron a manejar mapas de precisión justo a partir del año 1204.


En todos los casos, los mapas que sirvieron de modelo apuntan a la época de Alejandro Magno. La pregunta es, ¿de dónde fueron copiados, a su vez, aquellos papiros que parecían heredar los conocimientos de una época remótamente más antigua, cuando aún persistía el deshielo polar?


Mapa de Buache


La respuesta de los doctos e ilustres garantes de nuestro ingente saber es que todos estos documentos son, o bien falsos,o bien simples casualidades.

Al fin y al cabo, una broma de algún graciosillo que ha convencido a unos cuantos chiflados. Una respuesta propia del rigor que exige la ciencia.

Y es que, a saber qué habría sido de nosotros de no haber ardido la Biblioteca de Alejandría…

Para terminar, apuntaremos que algunos investigadores, como el científico espacial y colaborador de la NASA Maurice Chatelain, se han atrevido a afirmar, sin ruborizarse (al igual que tampoco se ruborizan los que hablan de casualidades, todo sea dicho), que el dibujo de la costa sudamericana y de la franja de la Reina Maud mostrado por el Piri Reis, donde aparecen unidos ambos continentes, se corresponde con la visión que tendría un observador situado a gran altura sobre la vertical de Egipto, en concreto a 4300 km. Ahí es nada…

– Éste artículo recoje los estudios de Javier Sierra plasmados en su libro La ruta prohibida y otros enigmas de la Historia (2007)



Parte 2:




Fuente: Cuarto Milenio - Iker Jimenez.



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